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Adelgazar en armonía

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Adelgazar en armonía
Es inútil darle más vueltas: la palabra dieta, en el imaginario colectivo, es sinónimo de sacrificio, privación  y hambre. Quizá por ello muchos de nosotros, cuando nos damos cuenta de que hemos cogido unos kilos de más, buscamos rápidamente un atajo, una dieta intensiva y breve que permita conseguir, en poco tiempo, la ansiada pérdida de peso.

Es normal que deseemos adelgazar rápidamente, en pocos días, incluso si fuera posible, ¡en pocas horas! Es fácil, por tanto, que caigamos rendidos a estas dietas que proponen un tipo de ayuno a cambio de resultados inmediatos. ¿Quién no se ha interesado alguna vez por una dieta a base de bebidas, compuesta por una única verdura o por proteínas? ¿Quién no ha experimentado un verdadero calvario para adelgazar y ha recuperado rápidamente los kilos perdidos? Esto sucede porque estas circunstancias solo podemos afrontarlas durante un periodo de tiempo limitado, por lo que nos resultará impensable hacerlo para siempre. Una persona habituada a comer de todo abandonará fácilmente una vida de privaciones y volverá a sus hábitos anteriores.

Lo cierto es que ya sabemos que seguir una dieta que prevé restricciones rígidas pone a la persona que la sigue en unas condiciones psicológicas que no son ni mucho menos positivas: ¡solo con saber que estamos a dieta hace que queramos comer alimentos prohibidos y muy calóricos! Pero la solución está ahí, y armados de paciencia y fuerza de voluntad, cada uno de nosotros puede ponerla en práctica.

Es necesario, ante todo, que aprendamos a pensar en la dieta no como un periodo de sacrificio sino como un estilo de vida sano y equilibrado que hay que seguir siempre, dieta que, por un lado, debe aportar a nuestro organismo todas las sustancias nutritivas necesarias para afrontar la vida diaria y, por otro, debe ser variada y sabrosa para satisfacer a los que la seguimos.

Cada uno podemos elegir el régimen alimenticio que mejor se adapte a nuestro ritmo de vida, más o menos sedentario, así como a nuestra edad y a nuestro estado de salud. Resulta inútil seguir una dieta que es igual para todos: la dieta debe ser personalizada, respetando, además de nuestros gustos, nuestras necesidades físicas o psicológicas. Es precisamente el aspecto psicológico al que necesitamos prestar más atención: es un error negar lo que nos gusta, cuanto más se nos restrinja lo que podemos comer, menos seremos capaces de hacerlo y, tras un periodo de privación, comeremos el exceso.

En nuestra mente no debe existir un alimento vetado: estar a dieta no quiere decir que no comeremos nunca más chocolate, dulces o pizza; significa que debemos hacerlo de manera moderada y cuando tengamos ganas de hacerlo. Es necesario que pensemos que podemos comer una pastilla de chocolate cada vez que queramos, que no necesitamos privarnos para acabar comiendo una tableta entera cuando perdamos el control. Podemos caer en la tentación una vez, e incluso dos, y comer cuando no está previsto, o cuando no tenemos hambre, pero solo debido al estrés, la soledad y el nerviosismo, que no deben hacernos sentir culpables, ya que ello solo acarreará más estrés y más hambre. Tenemos que pensar que, como siempre que aprendemos algo, también con la dieta podemos equivocarnos en momentos difíciles, y que eso es de lo más normal. Un niño que aprende a caminar o a montar en bicicleta seguramente se caerá, pero después se levantará y comenzará de nuevo, y, cuando apenas se dé cuenta, ¡estará corriendo!

En este contexto, el deporte puede ser un excelente aliado para aliviar tensiones, así como para aprender a cuidar nuestro cuerpo a la par que la alimentación. Practicar deporte junto a un amigo puede convertirse en un hábito sano para pasar el tiempo, en lugar de hacerlo siempre delante de una cena o un aperitivo.

Por último, aunque también podemos decirlo al principio, para que no veamos la dieta como algo difícil de superar, sino como una oportunidad para sentirnos realizados a nivel personal, tenemos que aprender a querernos a nosotros mismos, incluso cuando los kilos nos provocan inseguridad o baja autoestima. Además de practicar deporte, debemos habituarnos a mimarnos, dándonos un masaje, por ejemplo, usando cremas que nos ayuden a conocer nuestro cuerpo, comprándonos un vestido que resalte nuestro físico, sin tener que esperar a adelgazar para usarlo, cambiando nuestro corte de pelo o nuestro maquillaje…, de manera que destaquemos nuestros puntos fuertes antes y durante la dieta, sin tener que verlo como una meta ligada al adelgazamiento. De este modo, seguir un régimen alimenticio controlado será solo uno de los muchos aspectos de nuestra nueva vida, una vida sana y completa que se centrará en nosotros y no en la comida

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