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Meditación: qué es, historia, tipos de meditación, cómo meditar, beneficios para la salud

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Bajo el nombre de meditación se agrupan distintas técnicas que van dirigidas hacia la relajación, el sosiego de la mente y, en el sentido religioso, al crecimiento espiritual. De hecho, para eliminar los pensamientos negativos que continuamente perturban a un individuo, este debe desligarse de ellos y desarrollar una consciencia de sí mismo.

Por lo tanto, la meditación tiene como objetivo alcanzar el control de la mente, la tranquilidad y la alegría personal, además de ser terapéutica. Tan antigua como la humanidad, nació de diversas esferas religiosas y filosóficas, especialmente de India, para posteriormente expandirse y evolucionar alrededor del mundo.

En principio, la meditación requiere que la persona interesada se ubique, una vez al día, durante al menos 10 minutos, en un lugar tranquilo y sin interferencias exteriores. Luego, sentado de forma erguida y con los ojos cerrados, debe enfocar su concentración en la inhalación y la exhalación y seguir los movimientos de su abdomen. Tomando conciencia de su propia respiración, el practicante puede abordar el presente, excluyendo el pasado y el futuro.

Con “el aquí y el ahora”, la persona abandona los pensamientos y las emociones negativas a cambio de bienestar y conciencia de su propia realidad. Cabe destacar que, para facilitar la relajación, el meditador debe concentrarse en un objeto con el que pueda identificarse y, además, debe establecer un mantra, un sonido o una palabra que pueda repetir continuamente durante la sesión.

Las distintas prácticas actuales derivan del hinduismo védico, que se remontan al segundo milenio a.C. La práctica de la meditación fue concebida en el Punjab, ubicado entre India y Pakistán, en relación con los místicos indios.

Sin embargo, con cualquier tipo de meditación, el practicante es capaz de purificar la mente y llega ser consciente de sí mismo y de su cuerpo. Por lo tanto, inmerso en un estado de profunda auto-observación, el sujeto consigue percibir sensaciones, pensamientos, emociones y recuerdos.

Así, la meditación ofrece beneficios mentales, psicológicos e incluso físicos. Por otra parte, la Mindfulness, que es una mezcla occidental de la práctica budista y el yoga, presenta los mismos beneficios.

Meditación: qué es

Del latín «meditatio» o «reflexión», esta disciplina recurre a la «concentración» para alcanzar el dominio de la mente y de sí mismo.

La disciplina incluye distintas prácticas que tienen como objetivo sosegar la mente y ganar autoconciencia. De hecho, la mente es como un mono que salta de rama en rama y nadie puede detenerlo.

La mente y los pensamientos

Y es que la función de la mente, por naturaleza, consiste en elaborar numerosos pensamientos estimulados por cualquier situación. De hecho, una sensación física o psíquica o un hecho externo, como un sonido, son elementos suficientes para iniciar un razonamiento.

Cada día, una persona procesa entre 60 y 80 000 pensamientos que se presentan a la velocidad de la luz.

El individuo no es consciente de la mayoría de estos pensamientos y, por lo tanto, se deja condicionar por ellos. Por este motivo, la mente debe ser domada como un potro salvaje, para lograr ser consciente de ella y enfrentar la vida cotidiana con más serenidad.

Objetivo de la meditación

El objetivo principal de la meditación es alcanzar la estabilidad mental y la felicidad personal, que incluso están relacionados con el aspecto espiritual. De hecho, la meditación permite escapar de los pensamientos condicionales que un sujeto instala involuntariamente dentro de sí mismo.

En efecto, gracias a la neuroplasticidad del cerebro, es posible desmantelar voluntariamente estos condicionamientos y reemplazarlos por pensamientos favorables.

Este resultado se obtiene con el entrenamiento adecuado para controlar los pensamientos y manejar las emociones, percepciones y reacciones.

La meditación es una técnica muy antigua que nació cuando los hombres se plantearon las primeras preguntas sobre la vida y su naturaleza. Además, la mayor parte de las técnicas de meditación nació bajo un contexto religioso o espiritual, como el budista.

Crecimiento espiritual

En el pasado, la meditación tenía como propósito:

  • crecimiento espiritual
  • transformación personal
  • experiencia trascendental.

Sin embargo, hoy en día la meditación también se considera una herramienta terapéutica, independiente del estatus cultural o religioso del sujeto. De hecho, se ha demostrado que esta práctica tiene numerosos beneficios para la salud, incluido el alivio del estrés y el dolor.

Por eso, la meditación es una práctica mental que puede tener beneficios espirituales y físicos.

Cómo se practica

Por lo general, la meditación se realiza en un lugar tranquilo, alejado de ruidos molestos e interferencias, donde el meditador debe adoptar una posición cómoda, preferiblemente sentado.

En silencio y con los ojos cerrados, el interesado debe relajarse y dejarse llevar por su respiración y su mente.

A veces, la relajación se asocia con la repetición de un sonido, frase, o mantra, para facilitar el proceso. Pero, para liberar la mente de pensamientos inútiles con la meditación, el practicante debe enfocarse inicialmente en su respiración. Por lo tanto, el individuo debe centrase en un objeto, incluso a nivel mental, con el que pueda identificarse.

De esta forma, el individuo puede eliminar el llamado «piloto automático”, que guía su mente sin su voluntad. Así, el sujeto puede tomar conciencia y concentrarse solo en el presente, y ya en el pasado y en el futuro, como antes.

Finalmente, abandonando los pensamientos y emociones negativas, el practicante alcanza un estado de mayor bienestar, con una mente más clara y tranquila.

Meditación: historia

La meditación es una práctica universal muy antigua, que se encuentra también en zonas insospechadas como América Latina. Incluso se cree que los orígenes de la meditación fueron importados a la India por los nativos de América del Sur, los Naacal.

Chamanismo

Todas las civilizaciones que tienen como base el chamanismo, han manifestado técnicas meditativas, aunque sea rudimentarias. De hecho, existen diversas conexiones entre la meditación original y estas creencias esotéricas basadas en los rituales y la magia.

Sin embargo, la base del chamanismo es el chamán, que conoce y es un intermediario entre el mundo de los hombres y el de los espíritus.

Meditación oriental

Con el tiempo, las meditaciones orientales que estaban vinculadas a la religión o a la filosofía se hicieron más frecuentes alrededor del mundo. Por ejemplo, en Asia, esta disciplina se ha venido practicado desde hace muchos años gracias al encuentro entre distintas civilizaciones.

Asimismo, esta técnica oriental surge de la combinación entre la aria, que vino desde Europa, y la tántrica, originaria de la India. Por lo tanto, es particularmente relevante el hecho de que ya existían formas bien estructuradas de meditación en ambas doctrinas. Consecutivamente, estas prácticas de meditación se utilizaron en culturas que aparecieron más tarde, como el taoísmo.

En definitiva, la meditación ha atravesado la historia de todas las religiones, en todas las épocas y en todas las latitudes.

Al principio, la meditación se introdujo a través del hinduismo védico, previo al segundo milenio a.C.

En Punjab, ubicado entre India y Pakistán, la meditación nació gracias a los místicos indios que se preguntaron por la relación entre el dolor y la existencia.

De hecho, en los textos védicos de la antigüedad se considera que la vida del hombre está impregnada de dolor debido a su naturaleza física. Por lo tanto, los ascetas tenían la responsabilidad de explicar qué camino tomar para mitigar el sufrimiento.

Yoga-sutra

Su respuesta práctica y filosófica involucró técnicas sobre el conocimiento y la contemplación, tal como hace el yoga. Pero, en el siglo II d.C., Patanjali, con el yoga-sutra, agrupó diferentes disciplinas milenarias en una sola técnica.

De hecho, el yoga en sí mismo pretende eliminar la conciencia, que está dominada por las pasiones y los sentidos, y liberar al hombre de su yo terrenal.

Con esta fase se delinean los primeros puntos fundamentales de la meditación: postura, ejercicios y concentración en un objeto. Por lo tanto, las herramientas codificadas permiten al practicante permanecer insensible a los estímulos y obtener voluntad y poder, trabajando sobre la mente.

Práctica yóguica

La práctica yóguica impone ejercicios espirituales y reglas fisiológicas, como la postura, dirigidas a la relajación y el control de la respiración. Con la guía de un gurú, el practicante podía volverse imperturbable como una piedra, sin perder la conciencia de su verdadero yo.

Durante siglos, esta técnica fue protegida celosamente por unos pocos Yogi y, para meditar era necesario ir a sus retiros en el Himalaya.

Además, la técnica estaba prohibida para las mujeres, que eran consideradas demasiado vanidosas para probar suerte en una disciplina tan difícil. Así que esta meditación solo podían practicarla algunas personas elegidas y hombres santos hindúes, que, en el nivel más alto de la práctica, llegaban a acercarse a la divinidad.

A diferencia de esta última práctica, la meditación budista, que se opuso al ascetismo de los hindúes, apunta a la iluminación sin Dios. Así, las técnicas originales de meditación fueron transformadas por los budistas quienes, sin embargo, las propusieron de inmediato para superar el sufrimiento humano.

Para ellos, el camino hacia el Nirvana está trazado por la enseñanza de Siddhartha quien les proporcionó el «Noble camino óctuple».

El camino de la iluminación

El camino de la iluminación implica compasión, rectitud y disciplina mental, que se logran a través de la meditación. De hecho, la concentración, capaz de alejarnos del caos del mundo, se manifiesta siguiendo algunas técnicas.

La primera y más importante es tomar conciencia de la propia respiración manteniendo la espalda recta y las piernas cruzadas.

Por lo tanto, el propósito de la meditación se convierte en:

  • calmar la mente
  • evitar las emociones dañinas
  • ser consciente de la realidad.

El establecimiento de esta práctica se ha mantenido desde la antigüedad hasta nuestros días y en algunos casos ha sido modificada.

Meditación en el mundo

En México existen centros de meditación que son perseguidos, como durante el colonialismo, por la Iglesia. Incluso en el norte de África, particularmente en Marruecos, existen escuelas secretas de yoga ya que están prohibidas por el islam. Asimismo, en Europa, en la época de los Druidas, la meditación también estaba prohibida por la Iglesia.

Posteriormente en Occidente, después de la guerra, en la década de 1950, la disciplina se abrió a las mujeres y a los que no eran monjes.

Para las religiones la meditación es una oración para llegar a Dios, pero en nuestra sociedad se suele entender como una técnica de relajación.

Hoy en día, ya que se ha convertido en una disciplina laica para muchos, ha sido despojada de sus connotaciones espirituales y constituye un método para obtener beneficios psíquicos y físicos.

Meditación: qué significa

Para muchas personas la meditación es útil porque les permite relajar la mente, reducir la tensión, recuperar las energías y les ayuda a mantener una actitud positiva durante el día. En particular, la meditación les enseña a controlar la agitación de la mente hasta alcanzar una sensación de calma.

Con la meditación se verifica la reunificación de la mente y el cuerpo en un estado de plena y amorosa adhesión al presente.

El “aquí y el ahora” logrado con la práctica permite vivir cada situación de manera equitativa y serena. De hecho, el término, del latín “meditatio” o “reflexión”, indica que el dominio de la mente y de uno mismo se alcanza concentrándose.

Adentrarse dentro de sí mismo

El individuo sigue los pasos de la meditación para entrar en un estado de profunda auto-observación. Con una mente tranquila, debe contemplar lo que sucede a nivel físico, enfocándose en la respiración, la postura y las partes de su cuerpo.

Pero a nivel perceptivo, el sujeto observa sus sentimientos y, a nivel mental, sus pensamientos, emociones y recuerdos. Finalmente, el interesado se introduce aún más en sí mismo haciendo que la mente observe a la mente, desde el punto de vista de la conciencia.

De esta manera el meditador adquiere una purificación gradual de la mente y una plena conciencia de sí mismo y de su cuerpo. Además, con la conciencia, el sujeto dirige su atención a los mecanismos que provocan la baja autoestima, la culpa y la autoacusación hacia sí mismo.

Conciencia de sí mismo

El autoconocimiento y la aceptación del presente permiten al individuo vivir con plenitud y tranquilidad.

El estado de ánimo también se estabiliza y mejora cuando el individuo se desliga de factores efímeros e ideas preconcebidas y negativas. En resumen, al inicio de la práctica, la mente se retira del mundo exterior, incluso aboliendo las distracciones.

Luego, el sujeto debe dirigir su concentración a sí mismo. Por lo tanto, la contemplación, desligada del cuerpo físico, debe enfocarse sobre un objeto mental, para estabilizar la esencia espiritual.

Finalmente, el practicante puede llegar al éxtasis, gracias a la fusión con el objeto meditativo.

Meditación: cómo se hace

La meditación consiste en un proceso muy específico que consta de 4 fases:

  • retracción, llamado «pratyahara»
  • concentración, llamada «dharana»
  • contemplación, que es la verdadera meditación, llamada «dhyana»
  • éxtasis, o atención absoluta en sí, llamado «samadhi».

Retracción

En el primer paso, el practicante debe alejar la mente de todas las actividades sensoriales. Sin embargo, para el principiante este proceso resulta más complicado ya que los sentidos están inquietos y sujetos a una estimulación constante.

Además, la presencia excesiva de estímulos en la sociedad actual puede mermar la energía del cuerpo y de la mente.

Sin embargo, el pratyahara puede ocurrir espontáneamente cuando una persona presta atención a una actividad y se aleja del mundo que lo rodea. Así, con los factores externos bajo control, el meditador pasa a la siguiente etapa enfocándose en una sola cosa.

Contemplación y éxtasis

Durante un cierto período de tiempo, en el dharana, el sujeto enfoca la actividad mental en su símbolo interno. Por lo tanto, este paso es la herramienta que le permite entrar realmente en meditación.

De hecho, con la contemplación, en el dhyana, mantenida durante mucho tiempo, se logra el desapego de la materia y de las voces internas. Una vez que se alcanza el silencio interior y la ausencia de pensamientos, en el samadhi, la persona en cuestión reúne e integra todas las partes del ser.

Hoy en día existen técnicas de meditación que cuentan con distintos niveles, por lo tanto, es mejor empezar poco a poco sobre una base sólida.

Solo así es posible construir la propia experiencia meditativa en el tiempo, a través de la autoconciencia.

Meditación: cuándo practicar

En la práctica, la meditación debe realizarse de manera constante y regular, todos los días, durante al menos 10 minutos.

La sesión diaria se debe realizar preferiblemente por la mañana, al levantarse, o por la noche antes de acostarse. Luego, eligiendo un lugar tranquilo y apartado, lejos de elementos perturbadores, el practicante debe asumir una posición cómoda, la cual puede ser sentado en una silla o en el suelo, con las piernas cruzadas. El sujeto debe permanecer inmóvil, sin experimentar molestias. Para la posición clásica del «loto» se requiere que el pie derecho se coloque sobre la raíz de la pierna izquierda y viceversa. Además, la espalda debe estar recta pero no rígida, la cabeza bien apoyada y los hombros abiertos, relajados y sueltos.

Meditación: cómo hacerla

Las manos se pueden colocar sobre los muslos, con las palmas hacia arriba, o en el regazo, con una mano extendida sobre la palma de la otra y con los pulgares juntos. No obstante, la práctica no debe hacerse acostado ya que la posición podría promover el sueño, impidiendo la meditación. Posteriormente, el practicante debe cerrar los ojos para aislarse del entorno y abrirse a su estado interior.

Dado que el individuo debe ser impasible antes las perturbaciones, tales como el aburrimiento, el frío o el dolor, este simplemente tiene que observarlas sin oponerse ni juzgar, es decir, mantenerse libre de apego y aversión hacia las distracciones.

Una vez que los elementos que perturban al individuo han sido neutralizados, el practicante puede enfocar su atención en su respiración.

Meditación: cómo respirar

Para desactivar los automatismos del pensamiento, el practicante debe concentrarse en la respiración y en las sensaciones que le ofrece al cuerpo. Así, el practicante debe sentir el aire entrando y saliendo gradualmente por sus fosas nasales y su abdomen hinchándose y desinflándose. Mientras se relaja, los movimientos respiratorios deben ser suaves y rítmicos, inhalando por la nariz y exhalando por la boca.

En general, se recomienda contar mientras se inhala durante 3-4 segundos, contener la respiración durante 5-7 segundos y exhalar durante 3-8 segundos.

La atención debe estar centrada en el pecho que sube y baja o en el aire que entra y sale sin control, con naturalidad. La meditación sobre la respiración hace que el individuo tome conciencia de su cuerpo, del entorno y del presente, o más bien del «aquí y ahora”.

Luego, el sujeto tiene que relajar gradual y progresivamente las partes del cuerpo, desde la parte superior de la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies.

La verdadera meditación

La contemplación, o verdadera meditación, se practica enfocando la concentración en un objeto o lugar de la naturaleza. Por lo tanto, para este proceso, el practicante puede elegir entre visualizar un objeto en particular, un bosque o una playa dentro de su mente.

No obstante, la atención también puede centrase en objetos reales, como una pintura, una comida o un paisaje. Asimismo, para facilitar la concentración, se sugiere repetir varias veces una palabra, o » mantra», que confiera calma al practicante, mientras se exhala.

Continuando con este proceso, el protagonista llega a identificarse con el objeto particular en el que se está enfocando. Este tipo de identificación sensorial hace que la persona en cuestión se establezca firmemente en el presente y en el lugar, consciente de sí misma. De esta forma el practicante ya no se distrae con el exterior y tampoco con la hiperactividad interna de la mente. Así que, en este estado, el sujeto está libre del pasado y ya no se deja llevar por el futuro y tampoco por la gran cantidad de pensamientos.

Isla del sí mismo

En la «isla del sí mismo», que se alcanza a través de la meditación, el interesado puede observarse a sí mismo con mayor profundidad y mejorar así sus condiciones psicofísicas.

Después de la práctica, el individuo debe permanecer relajado, abrir los ojos lentamente y levantarse lentamente.

Técnicas de meditación

A lo largo de los siglos se han ideado numerosos métodos de meditación principalmente vinculados a diferentes filosofías y religiones. Las prácticas de meditación más importantes y difundidas alrededor del mundo son 5 y difieren en algunos principios y métodos técnicos.

Meditación zen

La meditación «Zen» es una disciplina oriental milenaria, organizada en Japón, que se basa en la respiración y la estática. Este sistema te enseña a permanecer en “el aquí y el ahora”, aprendiendo a no involucrarse en el fluir natural de los pensamientos. Por lo tanto, al principio, el sujeto no debe detener ni cambiar el trabajo de la mente, sino que debe examinar el flujo de los estados de ánimo y emociones. Luego, a través del desapego, el practicante separa la mente y la conciencia, en beneficio del autocontrol y la capacidad de observar.

La relajación de todo el cuerpo y de la mente permite redescubrir la verdadera esencia de cada hombre.

Postura de Buda

Como lo indica el propio nombre, Zen o «postura» del Buda, el practicante debe sentarse y sentirse en paz consigo mismo. Por lo tanto, para ponerse en contacto con su propia naturaleza, el sujeto debe abandonar las falsedades, los prejuicios y los miedos. Pero al contrario de lo que parece, la meditación zen no vacía la mente ni la aleja del mundo, sino que requiere que el individuo se sumerja en ella. De hecho, solo liberando el verdadero «yo» de los patrones, el individuo puede encontrarse más ligero y feliz, sin ansiedad ni estrés.

La postura en la meditación Zen corresponde a la posición “clásica”, en silencio, en un lugar apartado y con las piernas cruzadas. Además, para facilitar el proceso, el interesado también puede quemar incienso y velas y escuchar música típicamente zen.

Meditación budista

La meditación «budista» no es muy diferente a la meditación Zen y, de hecho, deriva de ella. Los budistas atribuyen el sufrimiento del hombre a la falsa concepción del yo individual, omnipresente y causante del tormento. Sin embargo, estos errores de la mente no se eliminan cambiando la realidad sino transformándose uno mismo a nivel psicológico.

Por lo tanto, las enseñanzas de Buda, o Dharma, distraen al practicante de las ilusiones del «yo» reinante, restaurando el equilibrio emocional. Así, para los monjes tibetanos, la aspiración, la atención, la confianza, la discriminación y la conciencia permiten comprender la esencia de las experiencias.

De hecho, el método básico se basa en muchas escuelas, pero la más aceptada y seguida es la » Vipassana”, nacida en el siglo VI d.C. Otra práctica budista conocida es la Samatha, que profesa la meditación de la tranquilidad.

Pero, es posible alternar los dos tipos de meditación en una misma sesión o entrelazarse para neutralizar mejor las negatividades mentales, como la envidia.

Vipassana

El término Vipassana se refiere a una meditación de intuición o percepción. La Vipassana comienza con la contemplación de la impermanencia, seguida de la práctica de los siguientes 6 elementos:

  • respiración
  • cuerpo
  • mente
  • sensaciones

Finalmente se llega a la contemplación de la condicionalidad y se obtiene, además, conciencia y unión del practicante con el objeto de meditación.

Conciencia de la respiración

Estando sentado y siendo consciente de su respiración, el individuo debe observar sus sensaciones corporales, pero sin involucrarse con ellas. El sujeto no debe tratar de cambiar lo que sucede a nivel físico o tener expectativas sobre lo que podría suceder.

A través de la meditación, se aprende a estar en una condición de observación, sin llevar la inactividad a la vida cotidiana. De hecho, el individuo aprende a actuar con conciencia, consciente de lo que está haciendo en el momento sin reaccionar instintivamente.

La «Vipassana» permite al seguidor elevarse espiritualmente y adquirir una visión más clara del mundo y de la vida.

No obstante, el objetivo principal de cualquier metodología budista es la «iluminación”, que puede entenderse como el desarrollo de la mente. Por lo tanto, al meditar en cualquier momento, lugar, hora o situación, el practicante puede deshacerse del sufrimiento.

Meditación trascendental

La meditación «trascendental» deriva del tántrico budista, que posee técnicas muy antiguas que buscan alcanzar el bienestar y la paz interior. De hecho, la metodología, popularizada por el Maestro Maharishi desde 1958, se ha desarrollado sobre el esoterismo de la cultura védica.

Mantra y yantra

Para calmar y afinar la mente, el practicante hace uso de los mantras, que son fórmulas sonoras que se repiten durante unos minutos. Estos sonidos específicos proporcionan al individuo vibraciones particulares que producen resonancias físicas y mentales.

Al centrarse en el mantra, la mente llega a la conciencia pura y natural, sin necesidad de un objeto y sin pensamientos. Así, en tal situación, la persona en cuestión se encuentra en un estado de trascendencia, lo que le permite relajar y refrescar la mente.

Con este objetivo, el practicante puede combinar mantras con «yantras”, que son figuras geométricas multicolores más o menos complicadas. Los dibujos, típicos de la tradición védica, son el instrumento de control y mantenimiento, como indica el yan/retener y el tra/el medio para. Cada yantra representa una figura divina precisa o particular del mundo o del cuerpo y la mente humana.

Imaginación y concentración.

Comparada con otras meditaciones, la meditación trascendental es más compleja porque requiere compromiso, imaginación y concentración.

Este método pretende acelerar los tiempos de transformación del conocimiento del individuo. Tradicionalmente la técnica trascendental se aprende a través de un camino de iniciación.

Por lo general, son los monjes los que poco a poco enseñan la meditación y verifican que se aplique correctamente. De hecho, al ser muy poderosa, la técnica podría engañar negativamente a quienes la practican incorrectamente. De ahí que la meditación “taoísta” ponga la energía en el centro de atención, al igual que la religión y la filosofía china de la cual nació.

Meditación Cristiana

La meditación «cristiana», que es una forma de oración, no busca el conocimiento de uno mismo sino el de Cristo. Esta práctica se realiza centrándose en detalles religiosos, como un pasaje de la Biblia o el Evangelio o el Rosario.

Al reflexionar sobre el significado del pasaje elegido, el sujeto puede volverse más consciente de las revelaciones y el amor de Dios.

Pero, a diferencia de la oración recitada, la oración contemplativa permite un mayor razonamiento e interpenetración respecto al texto. Según las oraciones, con la meditación se puede profundizar en la revelación de Dios por intercesión del Espíritu Santo y de Jesús, pero, para algunos teólogos, la meditación cristiana se basa sobre todo en la Biblia en que el Dios descrito es personal y revelador.

Método

De hecho, el método, que se centra en la revelación, responde al amor divino en el cual se entrelaza la relación personal y la Comunión. Por lo tanto, todo esto conduce a la adoración de Dios que transforma la meditación cristiana en una práctica de alabanza.

Como la oración y los sacramentos, la meditación une más estrechamente a Jesucristo, el Verbo encarnado y mediador con Dios.

Para los creyentes, la meditación puede ser un medio de salvación y de redención, concedido por la misericordia del Señor. Sin embargo, no se debe meditar para beneficiarse de Dios, sino para dar alegría a Su corazón, a través de la adoración y la obediencia.

Diferencia entre las meditaciones orientales y las cristianas.

A diferencia de las meditaciones orientales, la meditación cristiana pretende llenar la mente y no vaciarla y, además, no busca el éxtasis. Los conceptos religiosos reemplazan los principios filosóficos del budismo y el desapego del pensamiento, que en cambio es estimulado.

Así, gracias a la reflexión sobre las Escrituras, el practicante puede aumentar la relación personal ligada al amor divino y a la comunión cristiana. En cambio, la persona que medita no debe alcanzar un estado de euforia sino mejorar su sabiduría a través de documentos religiosos.  Por lo tanto, la meditación cristiana puede sacar al practicante del egocentrismo en favor del altruismo, evitando centrarse en sí mismo.

Por último, los ejercicios espirituales de meditación admiten la visualización de escenas religiosas, incluida la Natividad, o la repetición de una oración como mantra.

Caminata y meditación dinámica

Esta meditación denominada «caminata» fue ideada por Budda, y se practica mientras se está movimiento con la finalidad de reorganizar los pensamientos.  Por otra parte, el «Kundalini» propone la estimulación y apertura de los chakras para despertar las energías e infundir serenidad.

Finalmente, el Maestro Osho creó la meditación «dinámica» que, con la libertad de movimientos y emociones, permite un mejor autocontrol de sí mismo.

Beneficios de la meditación

La práctica, incluso totalmente laica (sin conexiones espirituales) proporciona muchas ventajas, especialmente a nivel mental.

Beneficios mentales

En primer lugar, la meditación induce a la calma y a la relajación de la mente incluso en las personas más agitadas y estresadas. Así, calmando la mente con la técnica correcta, el meditador puede desarrollar habilidades intuitivas y mejorar su creatividad. De esta forma, el sujeto está más inclinado a encontrar soluciones más creativas a los problemas cotidianos, vistos bajo una luz diferente.

De hecho, la meditación amplía la visión del mundo y por lo tanto de las situaciones que rodean al ser humano.

Debido a que el individuo es capaz de tomar mejores decisiones, su crecimiento personal también aumenta. De este modo la meditación hace sentir bien mental y emocionalmente al practicante y le ayuda a ser consciente de sus instintos y a controlarlos. De hecho, quien medita también logra comprender sus necesidades y aprende a satisfacerlas más eficazmente para conseguir lo que quiere.

Según los maestros tradicionales, las personas que meditan adquieren conciencia de su propia naturaleza espiritual. Gracias a la tendencia de optar por las experiencias espirituales, el individuo evoluciona gradualmente al desapego de las cosas terrenales.

Serenidad

En un nivel más práctico, la meditación promueve un estado de serenidad y satisfacción al cambiar los ritmos eléctricos del cerebro. Muchos especialistas, no solo psiquiatras, aconsejan esta práctica contra disfunciones psíquicas, como los ataques de pánico. Incluso los estados de ansiedad se pueden enfrentar y aliviar si se medita mientras se observa tranquilamente dentro de sí mismo. En este caso, meditar aclara el peligro temido y oculto que tiende generar terror y ansiedad en las personas. El mecanismo principal de esta técnica consiste en que el practicante se detenga, haga espacio dentro de sí y deje que todo se exprese sin juzgar.

En última instancia, la meditación ayuda al individuo a encontrar un lugar interior tranquilo donde puede tomar nota de lo que está pasando. Además, le permite escuchar emociones, sensaciones y pensamientos sin la necesidad de identificarse con ellos, sino más bien observándolos como el agua de un río que fluye.

Desarrollar el conocimiento de uno mismo y de los demás.

La meditación te permite ralentizar el ritmo cardiaco y por lo tanto interrumpir, al menos temporalmente, la sensación de estrés y prisa. Además, la observación de sí mismo desde el exterior puede incluso darse con un poco de ironía, facilitando también el buen humor.

La meditación aumenta la resiliencia, entendida como optimismo, pensamiento positivo y asertividad, independientemente de las condiciones externas.

Las personas que meditan tienden a desarrollar una mayor autoestima ya que no necesitan confirmación externa para reconocer su propio valor. Además, ejerciendo la gratitud hacia la creación y lo que uno tiene, se aprende a reconocer la belleza de la naturaleza humana. Por otro lado, la envidia queda desterrada de la meditación que genera satisfacción no solo de los éxitos personales sino también de los demás. Además, la ira, que altera los nervios, se neutraliza en el meditador a través de sentimientos positivos que reemplazan a los negativos. En consecuencia, la meditación puede mejorar la calidad de vida, las relaciones con los demás y el desempeño en la sociedad y en el trabajo.

Beneficios de la meditación comprobados por la ciencia

Los múltiples beneficios que ofrece la meditación también han sido destacados por diferentes estudios científicos. Los expertos respaldan a la meditación sobre el principio de que los factores mentales y emocionales afectan el bienestar físico.

Efectos positivos en el cerebro.

En primer lugar, la práctica genera un equilibrio en el cerebro porque lo sintoniza con las ondas alfa, características del estado de bienestar y relajación. De hecho, la meditación logra romper el círculo vicioso del estrés que es el principal enemigo de las facultades mentales como la memoria. Además, el exceso de tensión nerviosa aumenta sustancias en la sangre, entre ellas la norepinefrina y la dopamina, propias del estado de alarma. Como ha sido demostrado por la Universidad de California, el exceso de estrés y de estas moléculas provocan disfunción mental. Por lo tanto, es el hipotálamo el que se ve afectado por microlesiones que podrían evitarse mediante una meditación seria.

Especialmente los síntomas psicosomáticos pueden resolverse con la meditación regular.

En general, la práctica también es buena para el cerebro porque potencia algunas facultades intelectuales, como la concentración.

Meditar alivia el dolor crónico

Al redescubrir el entusiasmo y la energía psíquica, la forma física mejora dando como resultado una revitalización del cuerpo y una ralentización del envejecimiento. Incluso algunos dolores crónicos pueden aliviarse a través de la meditación, evitando así los efectos secundarios de los medicamentos.

La revista de médicos estadounidenses, Jama, resumió los estudios que demostraban la eficacia de las técnicas de meditación. De hecho, cuando la meditación se combina con la terapia estándar, los pacientes tienen una mejoría superior a lo normal.

Es bueno para el corazón y la presión sanguínea.

Meditar puede ser saludable para combatir:

  • hipertensión
  • isquemia miocardica
  • infecciones

Según los registros estadounidenses, esta disciplina sirve para luchar contra la enfermedad inflamatoria intestinal y las adicciones a las drogas y a los alimentos. Además, la Universidad de Harvard indicó que la meditación también puede inducir cambios bioquímicos y físicos en el cuerpo humano.

De hecho, la relajación resultante actúa favorablemente sobre:

  • metabolismo
  • ritmo cardiaco
  • presión arterial.

Varias pruebas han sugerido que la meditación puede hacer que el flujo de sangre en el cerebro sea más regular y más fuerte. Se ha comprobado que la técnica aumenta la liberación en el torrente sanguíneo de óxido nítrico el cual relaja los vasos sanguíneos y hace que la sangre fluya de mejor manera. Inclusive algunos valores de la sangre, como la hemoglobina, podrían cambiar positivamente meditando, especialmente en el caso de enfermedades inflamatorias.

Reduce el riesgo de enfermedades

Más de 3.000 estudios realizados por expertos alrededor del mundo indican que la práctica continua de la meditación ayuda a reducir los riesgos de accidentes cerebrovasculares e influye sobre los genes, especialmente del sistema inmunológico.

Entre otras cosas, la meditación zen podría prevenir el Alzheimer y tener un efecto en la fibromialgia y la psoriasis.

Esta disciplina sería capaz de mantener bajo control la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria y los trastornos de la menopausia.

El campo de investigación de esta área está dirigido principalmente por los monjes tibetanos, los cuales se revelan más ágiles y lúcidos incluso en la vejez. De hecho, la investigación en el campo taoísta ha planteado la hipótesis de que la práctica puede promover la salud a través de la energía vital estimulada.

De igual forma muchos adeptos recomiendan el uso de la meditación para promover la sanación de muchas enfermedades como la artritis y el tinnitus.

Meditación para una mente más fuerte

Una review del grupo de E. Ernst demostró el valor añadido que posee el método de la meditación en distintas personas con depresión crónica y ansiedad.

La combinación de meditación con psicoterapia y psicofarmacología favorece la recuperación en dos tercios de los pacientes.

El resultado positivo que se logra no es comparable porcentualmente con el tratamiento estándar.

Estudio

Una investigación italiana sobre el tema fue presentada en el Congreso de la Sociedad de Inmunología Psico Neuro Endocrina ( SIPNEI ).

Los especialistas examinaron a 70 participantes en un curso de «Meditación Pnei» de 30 horas. Los sujetos fueron estudiados con el Symptom rating test, que es instrumento científico que permite evaluar la variación de síntomas en los pacientes.

Al inicio del curso, la puntuación total fue de 18,9 para una sintomatología de tipo depresivo, ansioso, somatización e insuficiencia. En cambio, la prueba al final del estudio (retest) registró un puntaje de 5,8, con una reducción de los síntomas de más de 3 veces en comparación con el inicio.

Meditación y mindfulness

El mindfulness, que combina la práctica budista con el yoga, se ha generalizado en Occidente desde 1979. Esta técnica es una forma modificada de la meditación y contiene reglas más simplificadas que van dirigidas al público que no quiere cursos o retiros intensivos.

De hecho, los occidentales que no desean encerrarse en un convento ni seguir las enseñanzas de los monjes, suelen preferir el Mindfulness.

Las reglas son análogas a las orientales, pero no tienen implicaciones espirituales, y conducen a la capacidad de permanecer en el presente. Si la práctica se realiza correctamente, tiende a resultar tan válida como la oriental. No obstante, requiere un estudio más profundo para obtener mayores resultados.

Descubre cómo practicar mindfulness.

Después de aprender la técnica, meditando al estilo occidental todos los días, el practicante elimina las ideas y pensamientos negativos y siente bienestar. De igual forma el Mindfulness puede ser un coadyuvante en patologías coronarias, dolor de cabeza, incontinencia e insomnio.

En psicología, la meditación occidental se aplica en neurosis y trastornos postraumáticos y alimentarios, como el alcoholismo.

Con el asesoramiento de Jacopo Ceccarelli, profesor de Meditación y Yoga y cofundador de la Escuela Samadhi y del método Anukalana, en Florencia y de Rosanna Ercole Mellone , divulgadora de nutrición y bienestar.

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